PABLO, EL APÓSTOL DE LA ESPERANZA

“«Spes non confundit», «la esperanza no defrauda» (Rm 5,5). Bajo el signo de la esperanza el apóstol Pablo infundía aliento a la comunidad cristiana de Roma.

La esperanza también constituye el mensaje central del próximo Jubileo, que según una antigua tradición el Papa convoca cada veinticinco años. Pienso en todos los peregrinos de esperanza que llegarán a Roma para vivir el Año Santo y en cuantos, no pudiendo venir a la ciudad de los apóstoles Pedro y Pablo, lo celebrarán en las Iglesias particulares. Que pueda ser para todos un momento de encuentro vivo y personal con el Señor Jesús, «puerta» de salvación (cf. Jn 10,7.9); con Él, a quien la Iglesia tiene la misión de anunciar siempre, en todas partes y a todos como «nuestra esperanza» (1 Tm 1,1). Todos esperan. En el corazón de toda persona anida la esperanza como deseo y expectativa del bien, aun ignorando lo que traerá consigo el mañana. Sin embargo, la imprevisibilidad del futuro hace surgir sentimientos a menudo contrapuestos: de la confianza al temor, de la serenidad al desaliento, de la certeza a la duda. Encontramos con frecuencia personas desanimadas, que miran el futuro con escepticismo y pesimismo, como si nada pudiera ofrecerles felicidad. Que el Jubileo sea para todos ocasión de reavivar la esperanza. La Palabra de Dios nos ayuda a encontrar sus razones. Dejémonos conducir por lo que el apóstol Pablo escribió precisamente a los cristianos de Roma.”

Con estas palabras el Papa Francisco convocó oficialmente a toda la Iglesia a la celebración del año jubilar 2025. Iniciando este mes de junio, que para nosotros, miembros de la Familia Paulina, es el mes dedicado a crecer en el conocimiento, el amor y la imitación del Apóstol San Pablo, resulta muy significativo constatar que el Papa se haya inspirado en San Pablo para ofrecernos su catequesis sobre la esperanza en la bula de convocación al Jubileo. Y es que, de hecho, no solo el título del documento lleva la huella del Apóstol, sino todo su rico contenido, que con frecuencia apela a textos de las cartas paulinas para dar fundamento y énfasis a la virtud de la esperanza, que es la luz que el Papa Francisco quiso proyectar para iluminar y acompañar la celebración jubilar.

San Pablo es el santo de la esperanza, es el santo de las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) propuestas como parámetros de la santidad cristiana, como también lo pone de presente el Papa en la bula. En efecto, el Apóstol, desde la primera de sus cartas (1 Tes), y prácticamente en todas ellas, de una u otra manera, hace referencia a estas tres principales virtudes poniendo de relieve su preponderancia en el ser y quehacer del creyente. Pero de manera especial dedica varias enseñanzas a insistir en la necesidad de ser personas de esperanza, en razón de nuestra fe y en orden a la caridad: “Nos encontramos así frente a un itinerario marcado por grandes etapas, en las que la gracia de Dios precede y acompaña al pueblo que camina entusiasta en la fe, diligente en la caridad y perseverante en la esperanza (cf. 1 Ts 1,3).” (Spes non confundit, 6)

Si quisiéramos profundizar sobre el sentido de la esperanza cristiana en la enseñanza del apóstol Pablo, bien podríamos servirnos de los siguientes textos: Rm 5, 1-5; 8, 18-23; 1 Tes 4, 13-14; Ef 1, 18; Col 1, 27; 2 Co 1, 6-7; 3, 7-12; 1 Tm 1, 1; 5, 5; Tit 1, 2; 2, 13, solo por citar algunos.

 

P. Danilo Medina L., ssp

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