ORDENACIÓN DIACONAL DE MIGUEL ÁNGEL ARELLANO

El día en que celebramos la feliz memoria del apóstol san Pablo, patrono y protector de la Familia Paulina, hemos sido bendecidos con el llamado al orden de los diáconos de Miguel Ángel Arellano.

ORDENACIÓN DIACONAL DE MIGUEL ÁNGEL ARELLANO- SOLEMNIDAD DEL APÓSTOL SAN PABLO

PROVINCIA COLOMBIA, ECUADOR, PANAMÁ

 

 

📖“Y Él me ha dicho: Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad.”🔖

2Co.12, 9

 

 

El día en que celebramos la feliz memoria del apóstol san Pablo, patrono y protector de la Familia Paulina, hemos sido bendecidos con el llamado al orden de los diáconos de Miguel Ángel Arellano.

 

Durante la predicación, mons. Luis Manuel Alí, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Bogotá, ha resaltado el privilegio que como Familia Paulina poseemos; al tener un lugar en la liturgia para conmemorar la grandeza y obra del Apóstol: Celebramos esta solemnidad tan querida por todos los que están abrazados bajo el patronazgo del gran evangelizador san Pablo; y qué mejor fecha que esta para darle gracias al Señor por un hermano nuestro, que quiere decirle sí en el sagrado orden de los diáconos. Por eso, mi querido Miguel Ángel, aunque tu diaconado sea transitorio, yo te invito para que lo vivas con toda la profundidad teológica y pastoral que amerita este ministerio en su tercer grado.

Te darás cuenta que, en cada una de tus experiencias diaconales, sobre todo tendrás en tu corazón ese servicio al Señor en las periferias existenciales, y lo sentirás especialmente en ese auxilio divino que le entregarás a todas las personas y que también te sentirás asistido, como lo dice el profeta Isaías: ‘con la fuerza del Señor en tu corazón’. No solamente servirás al Señor en los pobres, sino en su Palabra, y en esto tu espiritualidad paulina se centrará profundamente en la predicación del Evangelio, que como nos lo dice hoy la Carta de san Pablo a los Gálatas: no son palabras humanas, sino que es un Evangelio Divino, un tesoro que llevamos en ‘vasijas de barro, para que todos vean que no es nuestro, sino que somos administradores’; ser ese instrumento para el anuncio de la Palabra.

 

Al final de la ceremonia el neo-diácono dirigió unas palabras de agradecimiento: A Dios todopoderoso que en su Hijo nos otorga la gracia de seguirlo siempre con corazón generoso. A mis hermanos de la Sociedad de San Pablo y Familia Paulina; a mis entrañables y siempre apreciados amigos y a mi amada familia. Gracia y Paz en el Señor.

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