PARA CONOCER A JESÚS MAESTRO LOS CUATRO EVANGELIOS PARA EL DISCIPULO DE NUESTRO TIEMPO

Del “Camino” al “Seguimiento” en el Evangelio según san Marcos (Entrega 21) P. Primo Gironi ssp

LOS CUATRO EVANGELIOS PARA EL DISCIPULO DE NUESTRO TIEMPO

  1. BREVE GUÍA DE LECTURA

Un evangelio dejado en las sombras

Por su brevedad (sólo 16 capítulos frente a los 28 de Mateo, los 24 de Lucas y los 21 de Juan), el Evangelio según san Marcos siempre había sido considerado como un «resumen» de lo que leemos en el Evangelio según Mateo. y en el evangelio según Lucas.

Hasta el siglo XVIII, los escritos de Marcos aparecían como un escrito «de segunda categoría», un Evangelio «permanecido en las sombras». Este pequeño libro de apenas 666 versículos, que no contenía el «Sermón de la Montaña» (como lo encontramos en Mt 5-7), ni el «Evangelio de la infancia» (que es narrado por Mateo y Lucas en los dos primeros capítulos de su Evangelio), ni las grandes parábolas de Lucas (pensemos en la parábola del buen samaritano [Lc 10, 29-37] y la parábola del hijo pródigo [Lc 15, 11-32]) era considerado el «pariente pobre » de los otros evangelistas.

También se consideraba fruto de un escritor ingenuo, que trabajaba sobre un material tosco, fijado por el en la redacción en una forma desordenada.

De hecho, según un testimonio antiguo que se remonta al 120-130 d.C. y atribuido a Papías (obispo de Hierápolis [en la actual Turquía], que vivió entre el 70 y el 130 d.C.), Marcos habría escrito «con precisión, pero sin orden, todo lo que recordaba de las palabras y acciones del Señor».

Además, según San Agustín -el gran Padre de la Iglesia que vivió del 384 al 430- Marcos habría sido el abreviador del evangelista Mateo y enteramente «dependiente» (pedissequus) de él (como también del evangelista Lucas).

Con estas definiciones, que encontramos en la obra De consensu evangelistarum («El consenso de los evangelistas»), el gran santo pretendía justificar tanto la brevedad de los escritos de Marcos como la ausencia de textos importantes contenidos en los demás evangelistas.

Así, durante toda la Antigüedad se favoreció el Evangelio según Mateo, considerado el más «completo», mientras que el de Marcos siguió siendo poco conocido y poco comentado.

Para tener un comentario sobre su Evangelio debemos esperar al siglo VI (fecha del primer comentario latino de un autor conocido como Pseudo-Jerónimo) y al siglo X (fecha del primer comentario griego de Eutimio Zigabenos, un teólogo bizantino).

Un evangelio reevaluado

Hoy se revaloriza con razón el Evangelio según san Marcos. Los estudiosos del Nuevo Testamento han identificado en su relato sobre Jesús no sólo el primer Evangelio registrado por escrito en orden cronológico, sino que han reconocido a Marcos como el fundador de ese género narrativo que todavía hoy llamamos Evangelio, como se desprende de las primeras palabras de su relato. sobre Jesús: «Inicio del Evangelio de Jesús, Cristo, Hijo de Dios» (Mc 1, 1).

No es, por tanto, Marcos quien sintetizó el texto de Mateo y Lucas, pero son estos dos evangelistas quienes amplían y desarrollan el escaso texto de Marcos. Marcos es, por tanto, su fuente, a la que recurren para la redacción de su Evangelio.

Ha caído así para Marcos aquella impropia definición de “abreviador” acuñada por san Agustín, engañado tal vez por las meras 11.229 palabras que componen el texto transmitido por este evangelista.

Además, es precisamente a Marcos a quien, según los estudiosos del Nuevo Testamento, «debemos casi exclusivamente lo que sabemos de Jesucristo, de su vida y de su actividad, de su pasión y de su muerte» (A. Wikenhauser). De hecho, el cuidado con el que Marcos escribe la historia de la Pasión es tan grande que su Evangelio es considerado por los mismos estudiosos como «una historia de la Pasión precedida de una introducción detallada y ordenada» (M. Kaehler).

(Continuará)

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