LAS “HUELLAS” DE DIOS EN EL MUNDO DEL HOMBRE
Es un itinerario que se inspira en el simbolismo de la acción de Dios en la historia de la salvación y con el cual nos encontramos en los distintos libros de la Biblia.

LAS “HUELLAS” DE DIOS EN EL MUNDO DEL HOMBRE

Es un itinerario que se inspira en el simbolismo de la acción de Dios en la historia de la salvación y con el cual nos encontramos en los distintos libros de la Biblia.

El itinerario que proponemos en este particular Año Bíblico pretende presentar al lector los grandes acontecimientos de la Biblia (creación, éxodo, don de la tierra, exilio, retorno, reconstrucción), sus libros (Antiguo y Nuevo Testamento), las “huellas” dejadas por Dios en su acción en la historia de la salvación (sus “manos”, sus “dedos”, su“diestra”, su “brazo fuerte”, su “corazón”, su “cuerpo”), los diferentes lenguajes y los diferentes métodos de lectura de la Biblia.

Es un itinerario que se inspira en el simbolismo de la acción de Dios en la historia de la salvación y con el cual nos encontramos en los distintos libros de la Biblia. Es el simbolismo que une la acción del hombre con la acción de Dios. Los estudiosos

intentan explicarlo recurriendo al lenguaje antropomórfico de la Biblia, a través del cual se atribuyen a Dios los sentimientos, comportamientos y cualidades del ser humano (en griego ánthropos, “hombre”). La lectura

espiritual de la Biblia, en cambio, nos hace comprender que Dios no ha dudado en encarnar su palabra y su acción en el mundo y en el lenguaje del hombre, hasta revelarse plenamente en el “cuerpo” de Jesús (en su “carne”: Jn 1,14.18).

La creación, obra de las “manos” de Dios– El primer encuentro con la Biblia está marcado por las huellas de las “manos” de Dios, las cuales realizan esa maravillosa obra que es la creación del mundo y del hombre. Esto es lo que leemos en el libro delGénesis (1.1–2.25). El orantede los Salmos nos ofrece las palabras para expresar el asombro que siente el hombre ante estas huellas del Dios creador: “Tus manos me hicieron y me formaron” (Sal 119,73, en sintonía con Gn 2,7: “Entonces el Señor Dios modeló al hombre con polvo del suelo”). Con palabras aún más vivaces y delicadas, el mismo orante expresa un estupor más intenso y un asombro más profundo a través de la imagen de los “dedos” creadores de Dios, signo de ternura e intimidad: “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has fijado, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el hijo de hombre para que te ocupes de él?” (Sal 8, 4). Los “dedos” dicen algo más que las manos: indican refinamiento, cincelado, arte, cuidado, amor. Solo de estos “dedos” puede surgir esa obra maestra que es el hombre “imagen de Dios” (Gn 1, 27).

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El pecado, obra de las “manos” del hombre – La creación también lleva la huella de las “manos” del hombre. Es la huella del pecado. Las “manos” del hombre que –como narra el libro del Génesis (3,1-24)– se extienden hacia el árbol de la ciencia del bien y del mal son el símbolo del actuar de quien realiza una acción negativa que tiene la fuerza para arrastrar: es “pecado original”, que ha arrastrado a toda la humanidad: “Entonces la mujer vio que el árbol era bueno para comer, agradable a la vista […], tomó de su fruto y lo comió, luego también le dio a su marido, que estaba con ella, y también élcomió” (Gn 3, 6).

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu"

(Lc 23, 46)

Desde entonces, el pecado de las manos del hombre ha roto la armonía de las manos de Dios, que habían hecho todo bien (Gn 1,10.12.18.25.31: “Vio Dios que era bueno […] muy bueno”). Quebrantó la armonía de la naturaleza (Gn 3, 17: “¡Maldita la tierra por tu causa!”) y del mundo habitado (Gn 6,5–8,22: el diluvio universal), la armonía entre los hermanos (Caín que mata a Abel [Gn4,1-16]), entre los pueblos (la torre de Babel [Gn 11,1-9]) y entre las familias (Jacob que engaña a Esaú [Gn 27,1-45]; José vendido por sus hermanos [Gn 37, 1-36]).

También Jesús es consciente de la grave fractura que el pecado de las “manos” del hombrepuede obrar, y le advierte de este riesgo: “Si tu mano derecha es para ti ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de ti” (Mt 5,30).

Pero el pecado no podrá borrar la huella de las manos de Dios en el hombre y en la creación, ni hará fracasar el plan de Dios para la creación. Es un proyecto que se realizará plenamente por las manos de Jesús. En efecto, en sus manos el Padre ha confiado a cada una de sus criaturas: “Mis ovejas escuchan mi voz […] y nadie las arrebatará de mi mano. El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos. Y nadie las puede arrebatar de las manos de mi Padre “(Jn 10, 27-29). En la cruz, Jesús mismo expresa su total confianza en las “manos” del Padre: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23, 46).

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El éxodo, obra de la “diestra” y del “brazo fuerte” de Dios.

El criterio que ofrece la Biblia para los acontecimientos del éxodo (la salida prodigiosade los judíos de Egipto) es el de la continuidad de la acción de Dios. El Dios que “modeló [con sus manos] al hombre del polvo del suelo” (Gn 2, 7) es el mismo Dios que con su “diestra” (Ex 15, 12) y su “brazo fuerte” (Ex 15, 16) libera al pueblo de Israel de Egipto. La orantede los Salmos alaba a Dios por la armonía de su acción en la historia: “Tú [Señor] tienes un brazo poderoso, tu mano es fuerte, altaestu diestra” (Sal 89,14).

“Diestra” y “brazo fuerte”, en el simbolismo de la Biblia, expresan la fuerza y ​​el poder de Dios, que interviene en favor de su pueblo, aniquilando la diestra y el brazo fuerte del faraón de Egipto, es decir, su poder.

El cántico a la diestra de Dios y a su brazo poderoso ya está presente en el poema contenido en uno de los textos más antiguos de la Biblia, que es el capítulo 15 del libro del Éxodo: “Tu diestra, Señor, es gloriosa por su fuerza, tu diestra, Señor, aplasta al enemigo […]. Extendiste tu diestra y la tierra los tragó […].Que el miedo y el terror caigan sobre ellos por la fuerza de tu brazo” (Ex 15, 6.12.16).

Este cántico de gozo se extiende luego en el Salmo 118, donde todo Israel reunido en el templo da gracias a Dios que con su “diestra” le ha dado la salvación: “La diestra del Señor se ha levantado, la diestra del Señor ha hecho proezas” (Sal 118,16). Y culmina en el canto de alegría de María: “[El Todopoderoso] ha desplegado la fuerza de su brazo” (Lc 1,51).

Es un canto de alegría que se convertirá en lamento cuando Israel, exiliado en Babilonia por sus infidelidades, ya no siente la presencia de las “manos” de Dios que lo han moldeado ni la fuerza de su “diestra” que lo ha liberado. El recuerdo de estas “huellas” de Dios en su historia suscita en el corazón de Israeluna sentida petición de ayuda: “¿Por qué tú [Señor] retiras tu mano y mantienes oculta tu diestra en el pecho?”(Sal 74,11; cf. Sal 44,24-27).

En el desierto Dios “camina” con su pueblo – Entre la liberación de Egipto y la entrada a la tierra de la promesa, el pueblo de Israel vive un tiempo intermedio, que es el de los 40 años de camino en el desierto, como leemos en los libros delÉxodo, del Levítico, de los Números y del Deuteronomio. Pero estos mismos libros, leídos como “libros del espíritu”, nos dicen que este camino fue hecho sobre todo por Dios.

Nos dan testimonio de que Dios no hizo el camino a la cabeza de su pueblocon las manos vacías, sino con las “manos”  y la“diestra” llenas de dones: el agua (Ex 17,1-7; Nm 20,1-11), el maná (Ex 16,1-36), 

la carne (con el envío de codornices del cielo: Nm 11,31-35). Pero también curando (Nm 21,4-9: la serpiente de bronce) y obteniendo la victoria sobre los enemigos (Ex 17,8-16: la victoria sobre Amalec), concediendo la sombra de día y la luz de noche: “El Señor marchaba a la cabeza, de día en una columna de nube, para guiarlos por el camino, y de noche,en una columna de fuego, para iluminarlos, de manera que pudieran avanzar de día y de noche” (Ex 13, 21).

“Manos” y “diestra” también llenas de los dones del espíritu: el don de la alianza (Ex 19,1-25) y de la Ley (los diez mandamientos: Ex 20,1-21; Dt 5,6- 22), el don de la Palabra (como leemos en el Éxodo y en el Deuteronomio), el don del sacerdocio, del culto y de los sacrificios ofrecidos a Dios (el libro del Levítico habla de ello).

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Es en estas manos, que siempre le recuerdan los grandes dones recibidos de su Dios, en las que Israel entrega todo: “En tus manos [Señor] está mi vida” (Sal 16, 5).

Habiendo entrado en la tierra de la promesa, Israel es invitado por Dios a trabajar imitando sus “manos” y su “diestra”, símbolo de una acción que hace visible al mundo el cuidado y el amor que las “manos” de Dios tienen por sus criaturas y la fuerza con la que su “diestra” libera y salva.

Si Israel imita el actuar de Dios, entonces permanece en la tierra que le ha sido donada. Si no lo imita, la expulsión de la tierra de los padres y el castigo del exilio están en el horizonte.

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