ANTONIETTA: TRANSPARENCIA DE LA MISERICORDIA

Con su sonrisa luminosa, su carácter suave, dulce y diligente, transmite confianza, ofrece amistad, suscita esperanza a cuantos encuentra.

¡Aleluya!

Antonieta Guadalupi nace en Bríndis (Italia) el 22 de noviembre de 1947 de padres creyentes: su padre Fortunato y su madre María, quienes la educan en la sólida fe cristiana. Frecuenta el catecismo y recibe los sacramentos en la parroquia María Santísima de la Anunciación. Aquí encuentra el amor de Jesús que le da sentido a toda su vida.

Muy joven tiene que aprender a sufrir: la madre muere cuando ella tiene apenas 13 años y la obliga a responsabilizarse en los quehaceres de la casa. Logra terminar el bachillerato y luego terminar el cuarto de liceo y diploma de madurez, no obstante que haya tenido el duelo de su padre fallecido.

Frecuenta con entusiasmo la Acción Católica, participa activamente en la vida parroquial mostrando amor a la oración, en especial, a la Eucaristía.

A la edad de veinte años siente la invitación del Señor a donarle su vida tomando la vocación de “Anunciatina”, en el Instituto de María Santísima de la Anunciación, una de las diez ramas de la Familia Paulina fundada por el beato Santiago Alberione. Es una vocación nueva en la Iglesia: la consagración a Dios vivida en el mundo, sin hábito, ni convento, para anunciar al Cristo con todos los medios.

Se inscribe en la facultad de medicina en la Universidad de Bari para realizar su sueño de hacerse médica, pero al tercer año deja la facultad y se traslada a Milán. Allí frecuenta al curso de enfermería profesional en el Instituto Nacional de Tumores, donde recibe su grado.

Trabajará por los enfermos del mismo Instituto hasta su muerte, primero como jefe de sala y luego como asistente sanitaria. En el Centro de Tumores se le asigna una delicada tarea y de gran responsabilidad que la lleva a ayudar a muchas personas necesitadas: realiza la acogida de los enfermos, alojamiento de sus familiares, soluciona varios problemas económicos o sicológicos de ellos mismos, la gestión de las ayudas asignados por el fondo económico contra los tumores. Por muchos años desempeñó este trabajo con competencia, generosidad y mucho amor, utilizando hasta su propia casa, el dinero y el tiempo libre.

El amor por los últimos y vagabundos la lleva a las calles de Milán para ofrecer ayuda y consuelo a los sin techo fijo, los inmigrantes y gitanos de Leoncavallo, considerados los “más difíciles”.

Con su sonrisa luminosa, su carácter suave, dulce y diligente, transmite confianza, ofrece amistad, suscita esperanza a cuantos encuentra. Está siempre disponible a la escucha y, gracias a su experiencia, consuela, anima y resuelve muchos problemas.

Está feliz de ser consagrada al Señor, manifiesta con alegría su pertenencia a Él, lo da a conocer y lleva su presencia y su amor en medio de tantos sufrimientos. Con frecuencia los enfermos y sus familias le piden lo imposible y ella, con su fuerte fe, implora lo imposible a Quien todo le es posible. Y cuando el sufrimiento y las pruebas en su vida se hacen muy fuertes, ella repite: “¡Bendito sea el Señor!”, “¡Aleluya!”, así las vive con la fuerza del Señor. Son conmovedores los tantos testimonios dados por amigos y enfermos: son las palabras más bonitas y ciertas sobre su vida y su bondad.

El amor a su Señor la lleva a ofrecerse como víctima al Amor misericordioso, oferta que renueva con frecuencia y que el Señor ha acogido en el 2001. Ella se enferma también de un mal incurable, descubierto ya muy avanzado. Antonieta acepta la prueba y da el último testimonio de su fe y amor a Dios. En el hospital, donde ha consumido su vida profesional y apostólica, comparte el dolor y la enfermedad con los enfermos de tumor.

Muere el 31 de julio de 2001, a los 53 años. En la primera página de su agenda de trabajo se lee: “Señor, que pueda testimoniar tu misericordia con mi vida en este año 2001”. Su cuerpo descansa en el cementerio de Bríndis.

El 3 de julio de 2022 en la catedral de Bríndis, el arzobispo Mons. Domingo Caliandro concluye el proceso diocesano de la causa de Beatificación y Canonización de la Sierva de Dios Antonieta Guadalupi. Ahora sigue la fase romana.

Para pedir gracias por la intercesión de Antonieta

Para pedir gracias por la intercesión de Antonieta

Te bendigo, oh Padre, porque has revelado los secretos del Reino a tu sierva Antonieta Guadalupi. En ella ofreces un testimonio de vida evangélica vívida en el alegre don de sí a los hermanos. Bajo su ejemplo quiero buscar ante todo tu Reino, con la certeza de que me donarás por añadidura lo que es necesario a mi vida y, si es según tu voluntad, la gracia que ahora te pido…

Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria al Padre.

Quien recibiera gracias, favor comunicarlo a: P. Provincial ssp, carrera 46, 22ª -90, Bogotá, Colombia

Ah, hola

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Cooperador Paulino
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